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San Ambrosio dijo:

"Un salmo es un grito de felicidad… Alivia el alma, nos distrae de nuestras preocupaciones, aligera las angustias y el dolor. Es una fuerza, fuente de seguridad en la noche, una lección de sabiduría en el día. Es un escudo cuando tenemos miedo, una celebración de santidad, una visión de serenidad, una promesa de paz y Armonía

La Oración

¿Qué es la oración?

La oración es simplemente hablar con Dios, comunicarse con el Dios vivo y verdadero: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La oración es un regalo de Dios para nosotros. Como nuestro Padre celestial, a Dios le encanta saber de nosotros. Él se deleita en nuestras peticiones, acciones de gracias y alabanza, y siempre está pronto a escuchar nuestro dolor y tristeza. Dios se preocupa por cada uno de nosotros, y promete que nos responderá cada vez que le hablemos.

Filipenses 4:6-7 resume la invitación de Dios a orar, y su don de paz al dialogar con él:

◊ "No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús."

La oración no tiene que incluir palabras o frases sofisticadas. De hecho, no se trata más que de una comunicación sincera que forma parte de una relación sana con Dios.

 ¿Por qué debo orar?

En Mateo 7:7-8, Jesús nos manda e invita a orar.

◊ "Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca, encuentra, y al que llama, se le abre."

Con esperanza, fe y confianza en Dios, respondemos a su invitación a orar.

 ¿Cuándo debo orar?

Algunos de los momentos que parecen naturales para orar podrían incluir cuando estamos en la iglesia, antes de las comidas y antes de acostarnos. No obstante, la oración no está reservada únicamente para esos momentos. La Biblia nos invita a "orar sin cesar" (1 Tesalonicenses 5:17). 

Dios quiere que permanezcamos en conversación con él. A veces las oraciones pueden ser formales, pero con frecuencia son simplemente una conversación, como cuando conversamos con un amigo. A veces son en voz alta, otras veces hablamos con Dios en nuestros pensamientos, de manera silenciosa. Pero, sean como sean, Dios escucha nuestras oraciones y se alegra cuando tomamos el tiempo para compartir nuestra vida con él.

 ¿Qué debo decir?

Dios nos invita a comunicarnos con él del mismo modo que lo hacemos con un amigo o un miembro de la familia, con quien nos comunicamos no sólo cuando necesitamos pedirle algo, sino que también le llamamos para agradecerle por algo que hizo por nosotros, o para compartir alguna alegría o tristeza que tenemos. Lo mismo sucede con Dios en nuestra vida de oración.

Dios nos invita a que le confesemos nuestros pecados y fracasos, y que le pidamos perdón.

 ¿Qué es el Padre Nuestro?

Cuando los discípulos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar, él les respondió con lo que hoy conocemos como el "Padre Nuestro". Esta oración es un buen patrón y guía para la oración. 

 ¿Qué actitud debo tener al orar?

Es importante llegar a Dios con humildad y arrepentimiento, reconociendo nuestra imperfección y fracaso, pero confiando en su misericordia. La oración no es una herramienta para obtener lo que uno quiere. La oración implica rendirse por completo en manos del Salvador que nos ama y se preocupa por cada uno de nosotros.


Dios nos llama a orar:

En fe:
◊ "Pero tiene que pedir con fe y sin dudar nada, porque el que duda es como las olas del mar, que el viento agita y lleva de un lado a otro. Quien sea así, no piense que recibirá del Señor cosa alguna" (Santiago 1:6-7).

Buscando su voluntad:
◊ "Y ésta es la confianza que tenemos en él: si pedimos algo según su voluntad, él nos oye" (1 Juan 5:14).

En el nombre de su hijo Jesús:
◊ [Jesús dijo] "En aquel día ya no me preguntarán nada. De cierto, de cierto les digo, que todo lo que pidan al Padre, en mi nombre, él se lo concederá" (Juan 16:23).

A menudo incluimos estas tres cosas cuando oramos, y luego decimos "Amén". La palabra hebrea "Amén" expresa nuestra firme confianza de que Dios contestará nuestra oración, así como lo ha prometido. 

 “Dios, ¡ten piedad de mí, pecador!”

Esto no significa que debemos pedir perdón porque estamos en problemas, y queremos algo de Dios.  Dios no puede ser manipulado.

Lo que significa es que debemos admitir – de nuestros corazones – que estamos equivocados.  Que necesitamos perdón.  Tenemos que dejar nuestro pecado atrás.  Necesitamos confiar en Jesús solamente por el perdón.

La humildad no es una sensación temporal de la vergüenza.  Es una manera de vivir delante de Dios.

Esta es la forma en que oramos a Dios.  Nos ponemos a Dios en primer lugar.  Nosotros decimos que Él es nuestro Salvador y Señor.  Lo amamos.  Oramos como Jesús nos enseñó a orar:  Venga Tu reino.  Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. (Mateo 6:10)

Al comenzar a orar a Dios de esta manera, desde nuestro corazón, compartiendo nuestros pensamientos y necesidades y problemas y alegrías, vamos a empezar a experimentar un amor más profundo que jamás hemos conocido.

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